lunes, 18 de septiembre de 2017

CAMBIOS EN LA UNESCO (1)





LA DIRECTORA SALIENTE


Irina Bokova fue elegida Directora General de la UNESCO en noviembre de 2009. Cuatro años después, en noviembre de 2013, fue reelegida para un segundo mandato y es ahora, en noviembre de 2017, que la Conferencia General de la UNESCO deberá elegir una nueva persona para liderar la institución, que sería la undécima desde la creación de la organización con su primer presidente, Julian Huxley.


No es fácil hacer una valoración del mandato de la Sra. Bokova. A falta de fuentes más solventes a las que remitirme, os puedo dar mi impresión personal y, lo reconozco, muy subjetiva.





Fuimos muchos los que recibimos inicialmente su nombramiento con cierta desconfianza. Era una mujer formada y crecida en el corazón del aparato diplomático soviético. Su formación era impecable y su competencia lingüística altísima, dominando varias lenguas oficiales de la ONU con soltura (ruso, inglés, francés, un español más que aceptable...). Sin embargo su tradición nos hacía desconfiar de que pudiera ser la persona abierta a la participación social y democrática que los tiempos requerían.


El hecho de que fuera la primera mujer al frente de la UNESCO creaba, sin embargo, ciertas expectativas positivas. Sus primeros pasos fueron esperanzadores. Tras el dinamismo activista y creativo de Federico Mayor Zaragoza (1987-1999), vino el mandato funcionarial y un tanto anodino de Kōichirō Matsuura (1999-2009). La búlgara podía parecer un razonable equilibrio entre ambas orientaciones tan diferentes.


Irina Bokova hizo su primera visita oficial a España invitada por un Centro UNESCO no gubernamental, en Centro UNESCO del País Vasco, dedicando dos días a los actores no gubernamentales de la UNESCO en el País Vasco. En aquella visita fue muy profesional y cercana. Nos causó muy buena impresión.


Eso le creó algún problema diplomático, ahora me siento ya libre para contarlo, y posteriormente hizo su segunda visita como Directora General a España a la capital, ya invitada por el gobierno de España, en medio de un debate un poco cansino y vacío sobre si era la primera o la segunda visita oficial (otro día podremos hablar, si interesa, con más detalles sobre esas curiosas anécdotas diplomáticas).


Pero me temo que Irina Bokova no ha tenido suerte con el momento que le ha tocado. En principio le han tocado 8 años de crisis, de recortes presupuestarios, de cierre de proyectos, de reducción general de contribuciones extrapresupuestarias por parte de muchos países y el incumplimiento de los compromisos financieros ordinarios de no pocos de ellos. Para complicar la cosa, cuando todavía no había terminado de asentarse en su cargo, le llegó la gravísima crisis provocada por la entrada de Palestina a la organización y el consecuente boicot de los EEUU. Un lastre político y financiero del que la organización no ha podido aún rehacerse.


En estas circunstancias es difícil pedir a nadie algo más que mantener el barco a flote. Y eso parece que lo ha hecho. Pero querríamos haberle pedido más. Irina Bokova no ha tenido la genialidad o la grandeza de aprovechar la adversidad para renovar la institución, para adaptarla al siglo XXI, para renovar los equipos y los enfoques, para agilizar la estructura y modernizar. Si bien es cierto que la UNESCO ha sabido estar en los ODS más y mejor que en los ODM, en los que Matsuura estuvo desaparecido, tampoco ha tenido Bokova la visión o la capacidad para hacer de la UNESCO ese referente intelectual y moral de la ONU, independiente, ágil, valiente, innovador, joven, fresco y despierto, que todos quisiéramos.


Algunas de las mejores cosas de la UNESCO han venido en este tiempo de la sociedad civil: de las cátedras, de las reservas, de los bienes declarados patrimonio, de los geoparques, de los centros como UNESCO Etxea (el Centro UNESCO del País Vasco), que sigue, 25 años después, a pesar de las dificultades económicas de los últimos años, como uno de los mejores ejemplos de la alianza entre la sociedad civil y la UNESCO, gracias al liderazgo de sus actuales directora, Aran Acha, y presidente, Guillermo Dorronsoro, tras 15 años de mandato como presidente del gran Ruper Ormaza, al que la UNESCO, la sociedad vasca y yo mismo tanto debemos.


Habría sido deseable que Irina Bokova hubiera sabido dejarse apoyar más y mejor por esta fuerza de la sociedad civil. Pero me temo que no ha sabido equilibrar el necesario refuerzo de las comisiones nacionales (oficiales) con el apoyo y respaldo al papel independiente y diferenciado de la sociedad civil no gubernamental. La búlgara podría haber hecho más y mejor al respecto. La sociedad civil de la familia UNESCO no sale fortalecida tras sus 8 años y no creo que sea algo menor en su contra.




EL PROCESO
El proceso de elección de los máximos responsables de los organismos internacionales, la ONU incluida, eran hasta hace 10 años un proceso oscuro y controlado secretamente por las grandes potencias. En la última década se han dado pasos de cierta transparencia y apertura. Los procedimientos y las candidaturas se conocen con antelación y hay exámenes públicos de propuestas y capacidades.


En este caso tenemos presentadas 9 candidaturas. 6 hombres y 3 mujeres.


Si nos atenemos al principio de rotación geográfica tan querido por la ONU, parece que tocaría un mandato del mundo árabe. Y no es casual que varios de los candidatos sean de ese ámbito geográfico o cultural: tenemos un catarí, un iraquí, una libanesa, una egipcia y casi estoy tentado de incluir en este grupo a la candidata francesa, pues, aunque nacida ya en Francia, tiene orígenes familiares de Marruecos, donde vivió de niña. Serían por lo tanto 2 (o 3, como usted prefiera) candidatas mujeres y dos hombres.


¿Cómo quedará la cosa? Ni idea, y dado mi nefasto historial como pronosticador de resultados (desde el Brexit a Trump, pasando por el referéndum en Colombia o la elección nuevo Secretario General de la ONU, ¡son 4 fracasos en poco más de un año!), en este caso me ahorraré pronósticos y ridículo. Pero seguiré de cerca el asunto y, si os interesa, seguiré informando.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Lanzamiento Cátedra UNESCO Derechos Culturales en la Universidad Copenhague

Esta semana he tenido la enorme fortuna de poder participar en los actos de lanzamiento de la Cátedra UNESCO de Derechos Culturales en la Universidad de Copenhague.


 http://jura.ku.dk/english/calendar/2017/official-launch-of-new-unesco-chair/
Official Launch of New UNESCO Chair in
Cultural Rights to Professor Helle Porsdam



Fue el jueves 14. Por la mañana y la tarde impartí un taller cerrado sobre el Derecho Humano a la Ciencia a un muy selecto grupo de 14 profesores de universidades nórdicas (Copenhague, Karolinska Institute, Aalborg, Aarhus, además del Danish Institute for Human Rights), suizas (Zúrich y Friburgo) y americana (Harvard).


Ya al atardecer se celebró el evento oficial, presentado por el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Copenhague, Jacob Graff Nielsen, y el Secretario General de la Comisión Danesa de la UNESCO, Jens Dalsgaard. Tras su intervención impartí una conferencia sobre "Derechos Culturales y Derecho Humano a la Ciencia", seguido de la flamante directora de la nueva Cátedra, Prof. Helle Porsdam, que habló también de Derechos Culturales.







El evento terminó con una conversación sobre esta cuestiones en la que participamos ambos ponentes junto Sebastian Porsdam Mann, Investigador Posdoctoral del Center for Bioethics, Harvard Medical School.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Sobre crisis rohingya


Hoy en mi columna #MirarHaciaOtroLado, que publican DEIA y NOTICIAS DE GIPUZKOA, escribo sobre el grave problema rohingya en Myanmar y añado algún comentario personal sobre la figura de mi otrora admirada Aung San Suu Kyi.


Foto de Miguel Candela publicada en 5W junto a un reportaje de Zigor Aldama


Foto de Danish Siddiqui que publica La Vanguardia





Miedo y guerra de una Nobel de la Paz




Con una dureza que en Naciones Unidas se emplea sólo para los grandes horrores, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, inauguró esta semana el Consejo de Derechos Humanos denunciando los crímenes contra el pueblo rohingya en Myanmar.


La máxima autoridad mundial en Derechos Humanos empleó expresiones que su oficina, llena de expertos juristas y diplomáticos, cuida mucho en usar, por sus graves consecuencias, si no quiere, como parece el caso,  enviar advertencias de muy serio alcance. El Alto Comisionado habló de “ataque sistemático contra la comunidad rohingya que podrían posiblemente considerarse como crímenes de guerra, si así lo estableciera un tribunal”. Es una denuncia y es un aviso.


Dado que las pruebas son numerosas y llegan de fuentes solventes, la negativa de Myanmar a aceptar la entrada a la zona de observadores internacionales sólo puede hacer aumentar la convicción de que estamos “ante un ejemplo de libro de limpieza étnica”.


La situación del pueblo rohingya en Myanmar nunca ha sido fácil. Son un pueblo de religión musulmana en un país mayoritariamente budista. Tienen lengua y tradiciones culturales propias. Algunos estudiosos indican que podrían habitar esa zona de la actual Myanmar ya desde el siglo XV, pero el gobierno de Myanmar los considera gente llegada de Bangladesh mucho más recientemente, durante el mandato británico. Desde los años 60 el gobierno busca su salida del país a cualquier precio y les niega la ciudadanía y el acceso a documentación.


El 25 de agosto un grupo armado rohingya atacó diversos puestos policiales. La respuesta del ejército no se hizo esperar. A día de hoy son ya 270.000 personas las que han llegado a Bangladesh huyendo de masacres, quema de poblados y asesinatos. Decenas de miles permanecen atrapados en Myanmar sin poder salir. La reacción es desproporcionada y contraria a derecho.


El gobierno ha afirmado que solo dejará volver a sus tierras a los rohingyas que puedan acreditar su nacionalidad, lo cual resulta una prueba cínica y diabólica, puesto que se les ha negado la documentación durante décadas.


El gobierno de Myanmar está encabezado por la Premio Nobel de la Paz Anug San Suu Kyi, por cuya liberación como presa de conciencia tanto trabajamos en su día los socios y colaboradores de Amnistía Internacional. En 1991 recibió el Premio Nobel de la Paz. Ha escrito poemas y ensayos llenos de valor, belleza y valores de paz y derechos humanos.


Hace años que se venía hablando de su insensibilidad ante la discriminación del pueblo rohingya, pero yo no me esperaba que se convirtiera en una de las responsables de un drama semejante. Las excusas de su gobierno denunciando manipulación de la información por parte de la comunidad internacional no tienen suficiente credibilidad. ¿Qué ha pasado para que esta mujer que fue modelo para los defensores de derechos humanos haya degenerado hasta liderar semejante crimen?


Myanmar está de tal forma dominado por el ejército que el gobierno es incapaz de controlarlo o siquiera criticarlo. Pero le cabe la salida de dimitir y denunciar. Hay quien defiende que además entre la población de Myanmar la causa rohingya despierta tan poca simpatía que resultaría suicida mostrar alguna sensibilidad o reparo.


Hace años Aung San Suu Kyi escribió. “No es el poder lo que corrompe. Es el miedo. El miedo a perder el poder”. Me resisto a aceptarlo, me duele, pero tal vez ella me haya dado la respuesta a mi pregunta.

lunes, 28 de agosto de 2017

Me acabo de hacer socio de 5W

Me acabo de hacer socio de 5W.




5W es un proyecto/revista/web/comunidad de periodismo internacional. Me gustaría explicar porqué me he hecho socio. No quiero dar lecciones a nadie, sólo contar mis razones.


Desde su nacimiento, hace ya un par de años, sigo el proyecto de 5W. Es una empresa compuesta por un grupo de nueve profesionales especializados en periodismo internacional: enviados especiales, fotógrafos y escritores. Algunos tan conocidos como Mikel Ayestaran o Xavier Aldekoa. El nombre hace referencia a las míticas 5 preguntas a las que el periodismo debe responder:  who, what, where, when & why.


Estos periodistas, que andan entre los treintaytantos y los cuarentaypoquitos, han apostado por hacer un proyecto de periodismo independiente y de calidad, con imagen y textos cuidadísimos, de autores que están sobre el terreno, hablan con la gente, saben mirar, saben leer y saben transmitir con conocimiento, sin dogmatismos ni maniqueísmos, realidades que son muy complejas y no reductibles a una simplista peli de buenos y malos. Hay fotos que son auténticas obras de arte, otras son impactantes, otras cuentan una historia o retratan una persona o una étnica o un país. Estos periodistas recorren los caminos y ven el dolor o la grandeza o la curiosidad, son capaces de toparse con gente interesante, actores, testigos o víctimas, y nos traen con respeto sus historias para que cada uno vayamos completando nuestro propio puzle, nuestra propia visión, sin necesidad de tutores que nos den las conclusiones preconcebidas en papilla.


 https://www.revista5w.com/ 


El periodismo de calidad es un elemento imprescindible en una sociedad democrática. Sin periodismo de calidad es mucho mas difícil que los ciudadanos podamos ir creando nuestro criterio con un mínimo de fundamento. Si nos alimentamos sólo de noticias de agencia mil veces copiadas y reproducidas y vueltas a copiar y reproducir, adquirimos un conocimiento de titulares, limitado y muchas veces conducido por intereses políticos o económicos. Pero, peor aún, si nos alimentamos de lo que las redes sociales, sin conocimiento, sin rigor, sin responsabilidad, sin calidad, nos suministran, terminamos dando por buena cualquier cosa que confirme nuestros prejuicios, nos limitaremos al escándalo de turno, a la denuncia sin futuro, a la crítica sin proyecto.


En tiempos de la postverdad el periodismo de calidad es necesario y es responsabilidad de todos hacerlo posible. Y sin embargo nos hemos acostumbrado a no querer pagarlo. Leemos el periódico en el bar y pagamos el café y al camarero, pero no al fotógrafo que ha sacado la imagen o al periodista que ha escrito la crónica o al pensador que ha escrito el artículo de opinión con que untamos el café. Lo lógico será que el café sea cada vez mejor y el periodismo cada vez de menor calidad. Es fácil indignarse al saber las miserias que los medios pagan por las crónicas de periodistas que andan por el mundo con la mochila, la libreta de notas y el portátil, o las fotos, o los artículos de opinión. Es fácil culpar a los grandes medios. Pero nosotros, como consumidores, también mandamos con nuestro dinero, nuestra compra, nuestra muestra de interés, nuestro tiempo.


Pero lo peor de todo es que nos costará darnos cuenta esa pérdida de calidad si perdemos el gusto por el tono mesurado, por la idea fina, por el argumento original y bien construido, por la historia bien contada, con tiempo y saber hacer. Nos dará todo igual porque buscaremos el trazo grueso, el lugar común, el escándalo fácil, la polémica más tonta que será sustituida mañana por otro escándalo más tonto, pero mayor, porque necesitamos aumentar cada día la dosis de falsa polémica para mantener el efecto de impostada indignación. Nos creemos que así desafiamos al sistema y a los poderosos, pero es todo lo contrario: lo que verdaderamente puede desafiar el sistema sólo puede ser el rigor, el conocimiento compartido entre diferentes con tiempo y esfuerzo, el respeto a la opinión distinta, la profesionalidad y la calidad de conocimiento, la fiabilidad y la responsabilidad. Lo demás es circo y espectáculo. Me da lo mismo que se refiera al conflicto árabe-israelí, a la corrupción o al tráfico de armas internacional: si sólo nos interesa el escándalo descontextualizado, la denuncia sin comprobación o el argumento más ruidoso, contribuimos a la confusión y al mantenimiento de lo que creemos denunciar.


Para ir más allá necesitamos periodistas profesionales y pagados dignamente, no becarios que copien noticias pescadas de otros medios, por un extremo, y locutores estrella, por el otro. Necesitamos rigor y cocina a fuego lento. Necesitamos gusto por el lenguaje y por la imagen. Necesitamos educar el argumento y la idea. Necesitamos medios de calidad. Necesitamos profesionales, artistas y artesanos.


Y sólo hay una forma de conseguir medios de calidad que paguen dignamente el trabajo que lo merece y que lo hagan así posible: pagar por lo que decimos valorar, no esperar que nos venga del cielo, no esperar que el estado lo pague todo, no esperar que la publicidad obre el milagro de separar el grano de la paja. Hay que participar.


Nos cuesta aportar en proyectos culturales. Pero si no hay cultura independiente, sino hay iniciativas que se arriesgan (librerías, salas de exposiciones, revistas, salas de conciertos, grupos de teatro, lo que sea), si no hay sociedad que premia o sostiene esas iniciativas, no hay democracia realmente participativa y nos limitamos a los codazos para llegar primero a la ventanilla de la administración de turno.


Desde su creación, hace un par de años, he retwiteado bastantes cosas de 5W, incluidas sus campaña de socios o micropatrocinio, e incluso me había hecho eco aquí, en mi blog, de algunas de sus cosas. Pero no había dado el paso de poner algo más. Este verano, tras la lectura de Hijos del Nilo, de Xavier Aldekoa, y de Oriente Medio, Oriente Roto, de Mikel Ayestaran, ha llegado el momento de aportar mi granito de arena y me hecho socio de este proyecto, para así apoyar el periodismo internacional de calidad hecho por gente de mi generación (bueno, vale, lo reconozco, yo soy un poco menos joven, pero no mucho) y mi entorno geográfico y cultural. ¿Tiene sentido lo que digo?


------------------------


Si te han interesado estos comentarios, tal vez quieras echar un vistazo a:


- El periodismo de la pifia 7.Julio.15
- De periodistas, información y ciudadanía. 22.Julio.15
- Fotos que cuentan una historia. Otra forma de mirar el periódico. 10.Julio.15
- Fotos que tienen historia, significado, valor y firma 5.Abril.17
- Día Mundial de la Libertad de Prensa: ¡Que prospere el periodismo! 3.Mayo.15
- Historias siriacas. 25.Julio.17

viernes, 25 de agosto de 2017

En el Anuario de Derechos Humanos de la Universidad de Chile

La semana que viene se presenta en Santiago de Chile el Anuario de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. En este Anuario tengo el honor de participar con un artículo sobre "El Derecho Humano a la Ciencia: un viejo derecho con mucho futuro".

 http://www.anuariocdh.uchile.cl/index.php/ADH/index 


Tal como indica el resumen publicado por el propio Anuario mi artículo trata de lo siguiente:
"Cuando hablamos del derecho humano a la ciencia se puede pensar que nos referimos a un derecho nuevo, creado recientemente para hacer frente a los desafíos que la ciencia y la tecnología generan en nuestra sociedad del siglo XXI. Sin embargo, el derecho a la ciencia es un derecho ya recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. Lo podemos encontrar incluso antes, en el sistema regional interamericano, en particular, en la Carta de la Organización de los Estados Americanos y en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre. Pocos saben que, de hecho, los países lationamericanos, en general, y Chile, muy en particular, tuvieron un papel crucial en el reconocimiento universal de este derecho. La primera parte del artículo está dedica a explicar la historia de este derecho y su reconocimiento jurídico internacional. En una segunda parte estudiaremos su situación institucional actual en el ámbito de las Naciones Unidas y, finalmente, en la tercera parte indagaremos en las características de este derecho, su contenido normativo, elementos y tipo de obligaciones que crea."


El Anuario es una muy prestigiosa publicación que, como dice su Directora Myrna Villegas en la presentación, "a contar de 2017  ha pasado a formar parte del Directory of Open Access Journals (DOAJ), una base de datos y directorio en línea de revistas de distintas partes del mundo, cuyo contenido cumple con estándares científicos de investigación, al contar sus papers con revisión y evaluación de pares. De esta forma, el Anuario ha subido un peldaño más en los estándares científicos de indexación".

El acceso al conocimiento es uno de los contenidos normativos clave del Derecho a la Ciencia, por eso tiene mucho significado esta coincidencia en el tiempo de la publicación de mi artículo y su entrada en este directorio de acceso abierto.

Agradezco a la Profesora Myrna Villegas, doctora en Derecho por la Universidad de Salamanca, su muy atenta invitación a participar en este Anuario y a su muy competente equipo la profesionalidad con la que han llevado todo el proceso, ayudándome a mejorar aspectos importantes del artículo con sus comentarios y sugerencias.

Para aquellos que se encuentren en Santiago el día 30, adjunto la invitación a asistir a la citada presentación.



jueves, 24 de agosto de 2017

Principio de no discriminación por orientación sexual

Hoy escribo en El Correo un artículo titulado de una forma un tanto provocadora: "¿Tienen los homosexuales derecho a nos ser discriminados?"


En el texto explico la evolución histórica del principio de no discriminación hasta incluir a día de hoy, en el ámbito internacional y en muchos estados, la no discriminación por orientación sexual (y también por identidad sexual, recogiendo así las necesidades de todo el colectivo LGTBI).


Repaso un caso concreto presentado ahora ante los tribunales de los Estados Unidos que puede significar un paso atrás en esta evolución histórica.


Espero que el artículo les parezca interesante y razonable que haya optado por un título tan provocador como, a mi juicio, necesario para hacer ver la gravedad de la situación que comento:


 http://www.elcorreo.com/opinion/homosexuales-derecho-discriminados-20170824195244-nt.html 




¿Tienen los homosexuales derecho a no ser discriminados?


El principio de no discriminación es uno de los pilares del Estado de derecho. Nadie puede ver condicionado su acceso a derechos y oportunidades en razón de su color de piel, su sexo, religión o su origen étnico.


La comunidad internacional que surgió de la Segunda Guerra Mundial aprendió de los horrores sufridos y especialmente de la persecución contra los judíos. Por este motivo la Carta de la ONU de 1945 (algo así como la Constitución de la comunidad internacional) incluía entre sus principios fundacionales «el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión». La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 amplió los motivos de discriminación: «toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición». La Declaración añadió, como se ve, referencias abiertas («cualquier otra índole», «cualquier otra condición») que permitieran una interpretación actualizada del principio de no discriminación según la sociedad y sus necesidades evolucionaran.


Sin embargo, la discriminación por razón de la orientación sexual, es decir, la discriminación contra los homosexuales, es una realidad aún aceptada legalmente en muchos países (lo mismo puede decirse, en un sentido más amplio, sobre la población LGTBI). Hay que recordar que este es un colectivo no sólo discriminado, sino directamente perseguido, acosado, violentado y penalizado en muchos países con penas de cárcel e incluso la pena de muerte.


Siendo la Declaración Universal uno de los documentos más logrados de la historia, no deja de ser, en su vocación por la dignidad humana, una creación humana y por tanto histórica y cultural. A pesar de la bella idea de que «todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y derechos», en aquel momento la homosexualidad era aún, para los países más abiertos, un tabú que ocultar, para los menos, una aberración que perseguir.


Por eso la Declaración Universal y los distintos tratados que la desarrollan no incluyeron explícitamente la discriminación por motivo de orientación sexual entre los supuestos prohibidos. La cláusula de discriminación típica de los tratados de derechos humanos de los años 60 seguía diciendo aquello de «sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole».


Desde entonces ha sido labor de los órganos que controlan e interpretan cada uno de los tratados, es decir, de los comités de tratados de la ONU, establecer que la discriminación por orientación o identidad sexual está incluida en esa «otra índole» de la que hablan los textos y, consecuentemente, prohibidas por el derecho internacional. Si bien hay algunos estados que se manifiestan de vez en cuando en contra de esta interpretación, como Irán, por ejemplo.


Estados Unidos se encuentra ahora ante un debate paralelo a este proceso histórico que les comento. La Ley de Derechos Civiles de 1964 (Civil Rights Act), presentada por el presidente Kennedy, prohibía la discriminación por motivos de «raza, color, religión, sexo u origen nacional». Ya en tiempos de Obama, la Oficina Gubernamental de Igualdad de Oportunidades estableció que esta cláusula debía ser entendida, acorde a nuestros tiempos, en el sentido de que incluye la prohibición de discriminación por orientación sexual.


Ahora, una corte federal estudia un recurso contra el despido de un trabajador por el hecho, según queda acreditado en primera instancia, de que un cliente protestó tras ser atendido, en un curso de paracaidismo, por un instructor homosexual.


Lo más sorprendente de este asunto es que el Departamento de Justicia del Gobierno Trump, sin estar directamente implicado en el caso, ha querido motu proprio, en un movimiento inusual en casos privados, presentar un informe ante el tribunal recomendándole que dictamine que el principio de no discriminación del Civil Rights Act de 1964 «no incluye la discriminación basada en la orientación sexual», y que por lo tanto este tipo de discriminación «no es contraria a la ley».


Este informe no obliga a la corte, pero es indudable su peso político. Además, el documento hace referencia a la condición del Gobierno como empleador, con lo que se adelanta así a desvincularse explícitamente de la no discriminación por motivos de orientación sexual (o identidad de género). ¿Le parece a usted un escenario imposible que el propio Gobierno pudiera discriminar por este motivo, y consecuentemente excesiva la preocupación que expreso? Pues el mismo día en que el informe fue presentado ante el tribunal, el presidente Trump publicó en Twitter su intención de terminar con la presencia de personas transexuales en el ejército. Asentar una interpretación restrictiva del principio de no discriminación sería clave para poder llevar a cabo este tipo de propósitos.


Veremos en qué termina este caso, que está llamado a marcar un hito en la lucha contra la discriminación en los Estados Unidos, pero resulta de entrada inquietantemente revelador que el Gobierno Trump se movilice para forzar una interpretación de las cláusulas legales antidiscriminatorias en el mismo sentido que Irán.

viernes, 11 de agosto de 2017

Hôzuki, flor y libro


 http://www.nordicalibros.com/hzuki-la-libreria-de-mitsuko 


Es delicado, sutil, sensible. Bellísimo. Muy atento al detalle mínimo, a los cambios de la naturaleza y el clima, al nombre exacto de la planta y a su forma, a su fruto o flor y su color. Cuidadoso con la palabra y con el silencio, con lo que se dice y con lo que se debe callar, con la tradición y con el pasado del que no puedes escapar. En ese sentido puede decir que cubre lo que el tópico espera de la literatura japonesa clásica en dosis ligeras, mínimas, en poco más de 100 páginas que leer en una o dos sentadas.


Pero también es de alguna forma universal, a pesar de que toda la trama sucede en Japón, y moderno o incluso cosmopolita y, desde luego, multilingüe.


"...vuelvo a ver un fruto del hôzuki vivo y naranja, como una luz."
Quizá en todo ello, el libro "Hôzuki, la librería de Mitsuko", es como su autora, Aki Shimazaki: japonesa, traductora, políglota, escritora en francés, y residente en Canadá.


 http://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2017/06/las-tres-mujeres-de-aki-shimazaki/ 
Aki Shimazaki, en foto de El Cultural


El libro, impecablemente editado por Nórdica Libros, es una buena recomendación de Imanol, librero de oficio, gusto y espíritu, en la fantástica GAROA liburudenda, cuya visita no debes perder cuando pases por Zarautz (en pleno casco viejo, en Trinitate kalea 7).