viernes, 11 de agosto de 2017

Hôzuki, flor y libro


 http://www.nordicalibros.com/hzuki-la-libreria-de-mitsuko 


Es delicado, sutil, sensible. Bellísimo. Muy atento al detalle mínimo, a los cambios de la naturaleza y el clima, al nombre exacto de la planta y a su forma, a su fruto o flor y su color. Cuidadoso con la palabra y con el silencio, con lo que se dice y con lo que se debe callar, con la tradición y con el pasado del que no puedes escapar. En ese sentido puede decir que cubre lo que el tópico espera de la literatura japonesa clásica en dosis ligeras, mínimas, en poco más de 100 páginas que leer en una o dos sentadas.


Pero también es de alguna forma universal, a pesar de que toda la trama sucede en Japón, y moderno o incluso cosmopolita y, desde luego, multilingüe.


"...vuelvo a ver un fruto del hôzuki vivo y naranja, como una luz."
Quizá en todo ello, el libro "Hôzuki, la librería de Mitsuko", es como su autora, Aki Shimazaki: japonesa, traductora, políglota, escritora en francés, y residente en Canadá.


 http://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2017/06/las-tres-mujeres-de-aki-shimazaki/ 
Aki Shimazaki, en foto de El Cultural


El libro, impecablemente editado por Nórdica Libros, es una buena recomendación de Imanol, librero de oficio, gusto y espíritu, en la fantástica GAROA liburudenda, cuya visita no debes perder cuando pases por Zarautz (en pleno casco viejo, en Trinitate kalea 7).

sábado, 5 de agosto de 2017

Militares, Trump y sentido común

Hoy escribo en DEIA y Noticias de Gipuzkoa sobre Trump, algunos militares norteamericanos y el sentido común.


Tienes el enlace al periódico enlazado aquí, más abajo copio la imagen del artículo publicado y finalmente abajo copio el texto, para que puedas leerlo de la forma que más cómoda te resulte.


A ver qué os parece:




MILITARES, TRUMP Y SENTIDO COMÚN




hace unos meses el presidente Trump presentó sus presupuestos que incluían una importante reducción de los fondos dedicados a la diplomacia, la ayuda al desarrollo, los derechos humanos, y la participación en la ONU y otros organismos internacionales. Por contra se proponía un importante incremento de los gastos militares. Lo lógico sería pensar que los militares estarían encantados con ese plan. Pero no fue así.


Los militares en servicio no pueden opinar al respecto, como sucede en cualquier democracia seria, pero tomaron la palabra los militares en retiro. Hasta 120 almirantes y generales de 3 y 4 estrellas retirados firmaron una carta en la que mostraban su firme convicción de que apoyar la diplomacia y el desarrollo son fundamentales también para la seguridad nacional, que las crisis del presente (desde los desplazados al ébola) no tienen una respuesta únicamente militar, que la reducción de la diplomacia supone más inseguridad y que “si no financias la diplomacia necesitarás más munición”.


Los generales decían que, desde su experiencia en el terreno, habían aprendido que luchar contra el terrorismo es también luchar contra la desesperanza, la falta de oportunidades y la injusticia y que para ello es necesaria la diplomacia, el desarrollo, los derechos humanos (especialmente los de las mujeres y las niñas), la transparencia y la lucha contra la corrupción, el acceso al agua, la seguridad alimentaria, el control del contrabando y muchas otras cosas que solo se pueden hacer desde la diplomacia, la cooperación y los órganos del multilateralismo, como la ONU, y no con más armas o soldados.


Es una carta breve que muchos de nosotros podríamos, con matices o cambios menores, suscribir. Está llena de sentido común y conocimiento de causa, pero me temo que precisamente por ello resultará difícilmente comprensible para un hombre como Trump, con cero sentido común y nula experiencia internacional, salvo en breves estancia en hoteles de 5 estrellas, acompañado de modelos y especuladores.


Hace un par de semanas el presidente Trump parece que tuvo una conversación rápida con algún militar sobre la presencia de transexuales en el ejército y los supuestos altos costes de sus necesidades sanitarias específicas. Fiel a su estilo, Trump, sin contrastar esa información con quienes saben del tema, sin solicitar ningún dato o estudio, y sin consultar con las personas de su equipo al frente de esas competencias, anunció en Twitter que eso habría acabado y que ya no permitiría la presencia de transexuales en el ejercito. La respuesta del General Joseh Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto, fue ejemplar, asegurando que ellos no discriminarían entre las personas a su mando y que no cambiarían su quehacer por un tuit.


Alguien, con tanta mala baba como humor, filtró el dato de que los gastos de viagra y otros potenciadores de la erección para los militares retirados suponían 10 veces más que todos los gastos producidos por las necesidades específicas de los transexuales, operaciones de cambio de genitales incluidas. No ha dicho nada Trump desde entonces sobre los gastos de viagra, parece desde luego más sensible e identificado con este tipo de problemática.


Jamás habría pensando yo en escribir un artículo alabando a militares norteamericanos, pero me gusta sorprenderme a mí mismo de vez en cuando, es lo bueno de estar vivo y tener los ojos abiertos. Trump resulta tan grotescamente ignorante, burdo e irresponsable que, a su lado, por contraste, cualquiera que muestre un poco de sentido común, cierto conocimiento de causa, algún respeto por los datos y la verdad, un asomo de civismo y un mínimo de valor para mostrarlo, parece, si no tanto como ejemplar, al menos sí decente.

jueves, 3 de agosto de 2017

Buena práctica de presentación de Observaciones Finales

Entre el día 31 de mayo y el primero de junio celebramos en el Palais Wilson de Ginebra el diálogo entre la delegación de Uruguay y el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) de la ONU, del que informé este blog aquí para el día 31 y aquí para el día 1. Por cierto, les diré que estoy especialmente orgulloso de la calidad de este debate dado que tuve el honor de ser el relator del Comité para este proceso con Uruguay.




En este diálogo se debaten los informes periódicos presentados por el estado y la situación de los DESC en el país. Este proceso termina formalmente con la aprobación y publicación por parte del Comité DESC del documento de Observaciones Finales (también conocido como Conclusiones y Recomendaciones) para cada país: Conclusiones sobre la situación de los DESC en cada país y las Recomendaciones para mejorarla en los próximos 5 años (cada ciclo de informes dura 5 años).


Digo que el "proceso termina formalmente" porque tan importante como el propio documento de Conclusiones y Recomendaciones -¡o seguramente más!- es el uso que cada sociedad, cada país hace de ese informe. Por eso el Comité siempre termina su informe con un párrafo estándar que dice:

El Comité pide al Estado parte que dé amplia difusión a las presentes observaciones finales en todos los niveles de la sociedad, así como entre los funcionarios públicos, las autoridades judiciales, los legisladores, los abogados, la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo, y las organizaciones de la sociedad civil, e informe al Comité sobre las medidas que haya adoptado para aplicarlas en su próximo informe periódico. También lo alienta a que recabe la participación de las organizaciones de la sociedad civil en los debates que se celebren a nivel nacional para la implementación de las presentes observaciones finales y antes de la presentación de su próximo informe periódico.



No son muchos los estados que se preocupan por la difusión en su país de las Observaciones Finales del Comité. Más bien al contrario, son a veces reticentes a que los actores sociales (ONGs, juristas, organizaciones sociales de base...) conozcan bien sus derechos y la interpretación que de ellos hace el Comité de la ONU encargado por los estados y la comunidad internacional para ello.


Por eso cuando uno conoce una buena práctica de difusión social y de comunicación de estos documentos por parte de un estado, no puede por menos que reconocerlo y difundirlo.


En concreto les diré que las Observaciones Finales para Uruguay se aprobaron el 23 de Junio y fueron publicadas en la página web de la ONU el día 20 de Julio. Aquí tienen el acceso al documento.


Pues bien, en menos de dos semanas desde la publicación del documento por parte de la ONU el Estado uruguayo ya ha organizado un evento oficial de información pública para darlo a conocer. Quiero felicitar a Uruguay por la ejemplar iniciativa que se une a la de organizaciones sociales, medios de comunicaciones y comunicadores sociales que ya habían difundido en el país la experiencia. Ver, por ejemplo, aquí el completo artículo de Valeria España titulado "Desde el Palais Wilson".


El evento fue organizado por el Ministerio de Relaciones Internacionales en coordinación con la Presidencia de la República, la Secretaria de Derechos Humanos, el Poder Judicial y otros órganos del Estado como puede verse en la invitación cursada al efecto:


 https://www.fundacionbl.org/noticia/57/difusion-de-las-observaciones-finales-del-comite-desc-de-la-onu-a-uruguay 
En la presentación los distintos agentes presentes dieron su opinión sobre el proceso y sobre sus resultados. Esta opinión puede ser legítimamente discrepante en algunos puntos con la del Comité, aunque en general se dijo que el documento era "pertinente" para el país y su realidad del momento, dado que lo importante de un diálogo no es que ambas partes tengan exactamente la misma visión sobre todo (entonces no habría diálogo, sino monólogo ante el espejo) sino que sepamos escucharnos mutuamente y aprender juntos, cosa que creo que en este caso ha sucedido. Y lo importante es que se dé a conocer el documento para que, a partir de su lectura, cada uno pueda opinar y seguir trabajando.


Quiero recocer y agradecer al estado de Uruguay la presentación de nuestro trabajo a su sociedad (además ha tenido bastante eco en medios nacionales). Y quiero animar a los tres poderes del estado y a la sociedad civil uruguaya que puedan trabajar este documento y deseo que les resulte útil el camino de mejorar la situación de los DESC en el país y poder tener otro buen diálogo en el Comité dentro de 5 años. 

En su día celebré públicamente "la calidad y buena disposición de la delegación". Añadí que "ha sido un diálogo realmente constructivo y en ciento sentido modélico. Uno de los mejores diálogos que yo recuerdo por su calidad, tono, actitud y sentido". Me alegro mucho de que esas buenas sensaciones se vean confirmadas con este ejemplar modelo de comunicación pública.

sábado, 29 de julio de 2017

Trump y las tres preguntas

Hoy El Correo y El Diario Vasco publican un artículo en que opino sobre la delicada situación política creada en los Estados Unidos por la disparatada presidencia de Trump.


Viene acompañada de una ilustración de José Ibarrola:


http://www.diariovasco.com/opinion/trump-tres-preguntas-20170729010503-ntvo.html
José Ibarrola
  




TRUMP Y LAS TRES PREGUNTAS


Hace un par de meses me hacía en estas mismas páginas tres preguntas. Primera, si el viejo sistema constitucional norteamericano, basado en controles y equilibrios mutuos entre los tres poderes, soportaría por mucho tiempo, sin romperse, la descontrolada y desequilibrada Presidencia de Trump. Segunda, si este presidente terminaría su mandato o si por el contrario se vería sometido a un procedimiento de destitución. Y, tercera, si veríamos a un país de tradición política tan sobresaliente como los Estados Unidos degenerar en una república bananera de chulerías, trampas y desprecio por las normas y las formas.


Son tres preguntas que están estos calurosos días en Washington siendo debatidas en las instituciones, en los medios y en la calle. Me gustaría tratar de contestarlas aquí y acercarles al tiempo este ambiente capitalino de agitación, desconcierto y expectación.


El sistema constitucional norteamericano está basado en controles y equilibrios (checks and balances). Cada poder controla y limita a los otros dos por medio de diferentes procedimientos, vetos, opciones de destitución y aprobaciones previas. Pero la trama rusa y los negocios de la familia Trump han tensado estos equilibrios, especialmente entre el poder judicial y el ejecutivo, hasta extremos nunca vistos.


Trump no conforme con haber destituido de forma grosera al director del FBI por investigar la trama rusa, ahora amenaza con hacer lo propio con su fiscal general, Jeff Sessions. Para entender lo absurdo de la situación hay que recordar que el 'Attorney General' norteamericano no es lo que aquí entendemos por un fiscal general, sino algo más parecido nuestro ministro de Justicia, nombrado por el presidente y que forma parte de su gobierno. Sessions tuvo que recusarse a sí mismo en todos los asuntos relativos a la trama rusa y ahora Trump le reprocha que esa limitación le impide abortar los avances de los investigadores, especialmente del fiscal especial, que quiere estudiar sus misteriosas finanzas.


La forma de acoso contra su propio ministro es humillante. Un día le acusa de incapaz, otro día muestra públicamente su desconfianza o su decepción, y otro día le llama desleal, débil, aprovechado y otras lindezas. El propio director de comunicación de la Casa Blanca reconoce que el presidente desea la salida del ministro y parece que fuerza su dimisión minando su prestigio y su resistencia, sin pagar el precio político de una destitución ante el público más conservador entre el que Sessions tiene muchos seguidores por sus posiciones duras en materia migratoria.


Y si la investigación sobre la trama rusa o las finanzas presidenciales avanza, ¿podría el presidente pararlas? Podría intentarlo, con un nuevo ministro de Justicia, pero no será fácil porque el fiscal especial tiene poderes autónomos importantes. Así que la pregunta es ya si, llegado el caso, podría el presidente perdonarse a sí mismo. Trump es el único que se ha adelantado a responder que sí.


Desde luego el presidente tiene amplios poderes de perdón, precisamente como uno de los instrumentos de equilibrio con los otros poderes, pero siempre se ha entendido que este poder no incluye la auto-amnistía. Ni el mismo Nixon se aventuró a semejante indignidad.
Mi opinión es que la lógica del perdón presidencial, entendida en clave de 'checks and balances', excluye un derecho a perdonarse a sí mismo porque rompería dichos equilibrios: si el presidente puede cometer el delito y puede perdonarse, el equilibrio con el poder judicial queda roto. El sistema de controles y equilibrios quedaría, 230 años después, tocado y hundido.


La segunda pregunta que Washington se hace es: ¿ha llegado el momento de la destitución ('impeachment')? Cierto es que hay muchos congresistas y senadores republicanos hartos, pero mientras Trump no sea claramente caballo perdedor se cuidarán mucho de bajarse del barco que reparte poder y opciones de reelección y promoción. Sólo cuando se acerquen las elecciones legislativas y si la popularidad de Trump baja y consecuentemente su sombra deja de ser útil, los republicanos entonarán el ¡ya basta! Toca esperar.


La tercera cuestión es más sutil. Si algo no soporta la clase política norteamericana, más que el robo o que el engaño, es la humillación de sentirse en una república bananera. Que los tuits de madrugada de Trump y sus discursos se conviertan en una incontinente versión del 'Aló presidente' venezolano o que la posición institucional de su familia recuerde a una república africana de los años 70, es algo que la clase política, tan aferrada a sus formas clásicas y su prestigio, no digiere fácilmente.


No, yo no creo que el sistema constitucional norteamericano vaya a quebrar, aunque camino lleva. Tampoco creo que se convierta en una república bananera, aunque algunas imágenes lo sugieran. Ni Trump es tan fuerte ni el país tan débil. Pero sí creo que congresistas y senadores, especialmente republicanos, deben hacer algo si quieren evitarlo. Trump no va a controlarse a sí mismo, no va a convertirse en una persona fiable y razonable, de modo que sólo cabe reforzar el viejo sistema de 'checks and balances'.


Un veterano decano de mi universidad, que lleva 40 años bien relacionado en los despachos de Washington, me decía ayer que jamás habría pensado llegar a ver lo que estos días está pasando. Me temo que en las próximas semanas va a tener numerosas ocasiones de repetir esta frase.



viernes, 28 de julio de 2017

Presentacion en la AAAS

Ayer tuve el gran honor de dar una conferencia ante la AAAS (American Association for the Advancement of Science), que es la sociedad científica más grande del mundo y, entre otras cosas, editora de la revista Science. El evento se celebró el auditorio principal de su flamante sede de la Calle New York, en el centro de Washington.
                                                    






En concreto mi presentación fue en el marco de la Coalición Ciencia y Derechos Humanos que coordina la AAAS y de la que forman parte 25 de las academias científicas más importantes del país como la American Chemical Society, la American Physical Society, la American Mathematical Society y así hasta 25. Fue por lo tanto para mí una oportunidad de oro para presentar a la comunidad científica norteamericana el trabajo que estamos realizando en relación al Derecho Humano a la Ciencia.
 https://www.aaas.org/program/science-human-rights-coalition 

En concreto que me centré en explicarles el proceso que actualmente estamos llevando a cabo en la ONU, adelantarles los contenidos normativos en los que estamos trabajando, tocar alguno de los puntos más calientes del debate (desde los límites de la libertad científica a la relación entre la ciencia y el conocimiento tradicional, o los necesarios equilibrios del principio de precaución, como veis no evite ninguna de los temas más polémicos) y finalmente pedir su participación como comunidad científica. Debo decir que sentí que la presentación fue muy bien acogida y de hecho recibí luego bastantes muestras de interés por participar en este proceso con nuevos encuentros y contribuciones.

(Como éste es un blog en el que entran algunos estudiantes de derecho internacional, dejadme un precisión técnica. Los Estados Unidos no son parte del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de modo que en esta charla, al explicar qué es un Comentario General, me centré más que en su carácter interpretativo de la obligaciones contenidas en el Pacto, en su efecto sobre la comunidad internacional en general y sobre su potencial de desarrollo del derecho internacional general).


(Mis agradecimientos a Jessica Wyndham, directora del Scientific Responsibility, Human Rights and Law Program de la AAAS y codirectora de la Coalición; a Margaret Weigers Vitullo, directora académica de la American Sociological Association y codirectora de la Coalición; y a Theresa Harris, coordinadora de la misma, por la invitación. Y gracias al jurista Eoin McGirr, profesor de English Legal Skills en la Universidad de Deusto, por su training preparando la conferencia.)
 

(Y dejadme la pequeña vanidad de otra foto final, que no todos los días tiene uno la oportunidad de hablar en un lugar como éste ante un público tan selecto y tan clave para mi trabajo de difusión del Derecho Humano a la Ciencia.)





martes, 25 de julio de 2017

Historias siriacas

(Publicado hoy en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa, en mi columna quincenal #MirarHaciaOtroLado)




Historias siriacas

Les propongo para este verano un par de libros sobre un país que en otro tiempo fue atractivo destino turístico y del que hoy sólo sabemos por las noticias de guerra y los relatos de quienes de allí han huido. Les hablo de Siria.




https://www.planetadelibros.com/libro-oriente-medio-oriente-roto/249659
Mikel Ayestaran, Oriente Medio, Oriente roto. Ed. Península.
  
El primer libro es Oriente Medio, Oriente roto, del periodista beasaindarra Mikel Ayestaran. Está muy bien escrito, con pasión y delicadeza, y se lee con la expectación y el ritmo de la mejor novela. Es, además de crónica internacional, un vivo y sabio relato autobiográfico de sus andanzas en la tribu del gran Leguineche, de cuya estirpe es más que muy digno sucesor.


El libro recoge experiencias de 13 años de trabajo como reportero en los lugares más candentes de la zona: Irán, Líbano, Irak, Afganistán, Egipto, Yemen, Pakistán, Libia, Israel, Palestina y, de forma muy destacada, Siria. Dice el autor que “Siria es el conflicto más complicado y peligroso al que me he enfrentado. Me lo creo todo y no me creo nada, por eso trato de ceñirme a lo que veo. Si los propios sirios no saben qué está pasando en su país, ¿cómo vamos a saberlo nosotros? Siria se ha convertido en mi universidad particular para analizar un conflicto irregular en su máxima expresión”.


De su misma generación es el sirio Ibrahim Alsabagh, sacerdote franciscano. Un hombre de libros que tras sus estudios de medicina y filosofía en Damasco y Líbano, se muda a Roma para iniciar un doctorado en Teología. Allí, entre bibliotecas y latines, le llegan las primeras noticias de la guerra en su país. Sus superiores le piden que abandone su doctorado y se haga cargo de una parroquia en la ciudad asediada de Alepo. El padre Ibrahim cambia entonces su pacífica vida de Roma por los bombardeos, las casas destruidas, la falta de agua y de electricidad durante semanas, y el acoso de las milicias fundamentalistas.



https://www.edicionesencuentro.com/libro/un-instante-antes-del-alba.html
Ibrahim Alsabagh, Un instante antes del alba. Ed. Encuentros
  
Su libro, titulado Un instante antes del alba, es recomendable especialmente para quien sea creyente o tenga al menos cierta sensibilidad espiritual, puesto que es una búsqueda religiosa desde su quehacer diario parroquial. No es un libro para aprender geopolítica regional, sino para acompañar la experiencia del padre Ibrahim.


Es la larga batalla de Alepo. Bajo los misiles la vida de la ciudad sigue e Ibrahim, sin distinción de credos o ritos, abre su pozo a los vecinos y aprende a ducharse con un litro de agua, lucha contra desahucios, atiende a los heridos, los muertos y sus familias, y -los afanes cotidianos- abre los locales parroquiales para que los jóvenes preparen, con luz y sin frío, sus exámenes. Entre bombas su parroquia reza por sus enemigos: “nos mandan la muerte y nosotros les devolvemos la vida. Nos lanzan el odio y nosotros ofrecemos a cambio el amor”.


La pregunta de pronto no es porqué la gente sale de Alepo en busca de refugio, sino la contraria: cómo es posible que haya quien a pesar de todo se queda. Algunos de sus parroquianos se quedan porque son demasiado pobres, otros porque no quieren dejar a sus mayores desamparados, y los hay que se quedan por compromiso con la identidad y la historia de su pueblo. En estas tierras siriacas el cristianismo tiene raíces muy antiguas. Es aquí que un tal Pablo cayó, hubiera o no caballo de por medio, y tuvo luego que dejarse descolgar por las murallas de Damasco para salvar su vida. Los primeros grupos cristianos se formaron cuando todavía no hacía una década de la muerte de Cristo. Los distintos ritos, como el armenio, el ortodoxo, el latino o el maronita, que conviven en la misma ciudad, son fruto de esa larga historia, cuyo peso se siente aún en la vida de esas comunidades asediadas, diezmadas tras cinco años de guerra y aún pacíficamente resistentes en las que el sobrecogedor libro del padre Ibrahim nos adentra.

miércoles, 19 de julio de 2017

Acuerdos y desacuerdos nucleares

Hoy escribo en El Correo sobre el Tratado de Armas Nucleares recientemente aprobado en las Naciones Unidas. ¿Qué significa?, ¿qué efectos reales tiene? En este artículo trato de hacer una valoración entre el realismo y el idealismo. A ver qué te parece.


 http://www.elcorreo.com/opinion/acuerdos-desacuerdos-sobre-20170717020957-nt.html 


Acuerdos y desacuerdos sobre armas nucleares

Ha sucedido el 7 de julio. Quizá usted no lo sepa, por que el día de San Fermín hay noticias más importantes, como el chupinazo en Pamplona o las incidencias del primer encierro. Pero déjeme contarle que ese mismo día las Naciones Unidas aprobaron en Nueva York el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.


Los estados que aprobaron este Tratado se comprometerán a «nunca y bajo ninguna circunstancia desarrollar, ensayar, producir, fabricar, adquirir de cualquier otro modo, poseer o almacenar armas nucleares». También se comprometen a no transferir a terceros este tipo de armas, a no amenazar con su uso, a no ayudar a que un tercero lo haga, y a no permitir su emplazamiento en su territorio.


De esta forma las armas nucleares quedarían prohibidas por el Derecho Internacional y la amenaza que suponen desaparecería de nuestro mundo. A estas alturas está ya usted pensando que esto es demasiado idealista como para ser cierto. Y tiene usted razón pero sólo en parte. ¿Me permite usted cinco minutos para darle mi opinión?


Este tratado, que se fundamenta jurídica y políticamente en las obligaciones de la Carta de la ONU de 1945 y en el sistema de paz y cooperación que de ella nació, entrará en vigor dentro de unos años, cuando se entregue el quincuagésimo documento de ratificación. Las obligaciones que impone son diferentes según el estado posea o no arsenal nuclear. Los estados no armados deben mantener sus compromisos de no proliferación y se obliga a los ya armados a informar de su arsenal y a proceder con un calendario de eliminación coordinado y supervisado.


Hasta aquí la parte bonita. La parte del realismo viene ahora. Y es que sólo 122 países de los casi 200 que forman la comunidad internacional han aprobado este tratado. Entre quienes no participan están los nueve países con capacidad nuclear y los países de la OTAN, España entre ellos.


Y entonces ustedes me preguntarán, ¿para qué sirve un tratado de prohibición de armas nucleares del que no forman parte los estados que disponen de ese armamento? Pues aunque parezca mentira sirve de mucho. Sirve para avanzar hacia una comunidad internacional en la que el armamento nuclear comienza a estar prohibido, como lo están el resto de armas de destrucción masiva, como las biológicas y las químicas, o las bombas de racimo o las minas antipersona. Sirve para dificultar su proliferación. Sirve para desincentivar su desarrollo. Sirve para aumentar las presiones sobre los países del club nuclear a medio y largo plazo.


Sobre esta cuestión no caben ingenuidades y menos a día de hoy. Desde los años duros de la Guerra Fría el riesgo de confrontación nuclear no parecía tan presente. Cuando dos personajes tan poco fiables psicológica y políticamente como Putin y Trump están a cargo de los dos botones rojos más poderosos la tranquilidad no es posible. Si yo fuera japonés o coreano no viviría muy seguro viendo como el líder supremo Kim Jong-un juega con sus tacataca nucleares y aplaude entre risotadas con sus dedos regordetes cualquier cosa que vuele. Según el ISIS, o cualquier heredero igualmente descerebrado, pierda territorio la tentación nuclear podría entrar en sus planes si la tecnología y los recursos lo permitieran. Para poner peor las cosas, la ruptura por parte de Trump de los acuerdos negociados por Obama, libera formalmente a Irán de importantes compromisos al respeto, lo cual supongo no ayuda a que Israel pueda siquiera plantearse objetivos en este sentido. Definitivamente el riesgo nuclear no ha desparecido de nuestro mundo y por desgracia la infernal lógica de la disuasión podría seguir imperando su macabro sentido: yo al menos, si fuera japonés, no le pediría a EE UU o a Francia o a Reino Unido que se deshiciera de su arsenal nuclear sin asegurarme antes de que Corea del Norte y China están haciendo lo propio.


En este contexto es importante que la comunidad internacional avance en los objetivos de paz y cooperación internacional, aún si debe hacerse sin contar de momento con los países del club nuclear. Y este tratado es un gran avance en ese sentido. De hecho todos los avances que en materia de paz, humanización del conflicto, cooperación internacional o derechos humanos ha hecho el derecho internacional desde el final de la Primera Guerra Mundial se han producido paso a paso, con avances inicialmente reducidos de ambición o posibilidades, en muchas ocasiones fracasados, pero cuya semilla y aprendizaje había prendido y con cuyas ascuas se pudo de nuevo encender el progreso de la humanidad. Este tratado no elimina las armas nucleares, al menos en un plazo de tiempo que podamos razonablemente predecir, pero aún así es un paso en esa dirección.


Las normas humanitarias han servido en numerosos conflictos para reducir el sufrimiento de la población civil. Las normas de prohibición de las armas biológicas y químicas, siendo éstas baratas y accesibles, se cumplen y precisamente por eso es noticia cuando se produce un incumplimiento, como es noticia entre nosotros un asesinato. No, este tratado no crea de la noche a la mañana un mundo más seguro. Pero aún así es un hito importante, como en su día fueron otros acuerdos de no proliferación o prohibición de pruebas, en el largo camino de la humanidad, desesperadamente lento y lleno de tropezones. Yo prefiero pasos modestos pero reales que demandas irreales ajenas al reino de lo posible.